lunes, 31 de octubre de 2016

Día 12: Sobreviví en la selva

Miércoles, 28 de septiembre de 2016

Me resistí y aquello persistió, persistió y persistió. Las sanguijuelas se apoderaron de mis pies y no me abandonaron hasta casi el final del trayecto. «Dios, ¿pero qué hago aquí?», me preguntaba de vez en cuando mientras seguía caminando por un sendero mojado. A punto estuve de decirle al guía que quería volver, pero es verdad que otra parte de mí sentía que tenía que pasar esa experiencia porque me daría más fuerza. La que se lo pasó “pipa” fue mi compañera. Ese día no paró de reír cada vez que miraba mi cara de circunstancias. El humor y la risa siempre nos salvaba, pues a pesar de todo, yo también tenía tiempo para la risa…

Me acordaba de todo lo que me enseñaron, que aceptara, que las amara, pero me era muy complicado aceptar esos bichos que trepaban por la ropa y se enganchaban a mis pies intentando chupar la sangre que corría por mis venas. Y aún quedaba el tramo de vuelta, pasar otra vez por el mismo calvario…

Y por fin lloré, pero no de desesperación sino por puro agradecimiento. Recordé que estaba sano y que para lograrlo había hecho una promesa mucho tiempo atrás: que estaría dispuesto a todo con tal de sanar. «¿No estabas dispuesto a todo? Pues camina», me dije. Y también recordé lo que me dijeron la primera vez que pude caminar sobre los cristales: «El camino será difícil, pero al final te espera la recompensa». Y a partir de ahí comencé a caminar con otro sentir, quitándole importancia a las sanguijuelas, agradeciendo que estaba vivo, que estaba sano, y mientras más lloraba de alegría, menos bichos tenía.


Sobreviví en la selva, una gran experiencia. Y aunque salí de allí diciendo que jamás volvería a meterme en una de ellas, ahora digo que no me importaría. Quiero seguir estando sano y seré un SÍ a todo lo que la vida me proponga…

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