martes, 4 de octubre de 2016

Día 2: Salir de la zona cómoda

Me sorprende lo cómodo que estoy en un hospital, incluso compartiendo la sala de descanso o comedor con los propios enfermeros. ¡Soy uno más de ellos! Me siento como Pedro por su casa, sobre todo cuando voy acompañado por alguien que se conoce el laberinto de los pasillos y me lleva a lugares para que se activen mis recuerdos y me hagan sonreír, de verdad. Y saltar...

Y ahora voy con el segundo día de la aventura:

Domingo, 18 de septiembre de 2016

 Con las tarjetas de embarque en la mano y vestidos ambos con la camiseta que me regalaron, empezamos el maratón de vuelos...


Fue un día en el que pasamos más tiempo volando que caminando, pero el poco tiempo que estuvimos con los pies en la tierra no lo quisimos desaprovechar y fue una gran oportunidad para salir de la zona cómoda. Aprovechando una escala de seis horas en el aeropuerto de Abu Dhabi (Emiratos Árabes), lo seguro hubiera sido esperar pacientemente en el aeropuerto hasta el próximo vuelo, pero decidimos salir para ver en vivo y en directo la mezquita Sheikh Zayed Bin Sultan Al Nahyan, cuyo nombre hace honor al primer presidente de los Emiratos Árabes Unidos, que un rato antes habíamos fotografiado en uno de los paneles gigantes y luminosos que adornaban las paredes de la terminal.


Después del control de seguridad y localizar la puerta de embarque, las seis horas se redujeron a tres, así que sin tiempo que perder fuimos al puesto de información turística, cambiamos algo de dinero y agarramos un taxi, cuyo conductor casualmente era nepalí. No llegamos a tiempo para verla por dentro, pero al menos sí disfrutamos de su imponente fachada...


Por los alrededores de la mezquita no había absolutamente nada, así que nos dispusimos a caminar por calles solitarias esperando encontrar un taxi que nos llevara de vuelta al aeropuerto. El calor apretaba, y eso que eran casi las diez de la noche. Mientras caminabas, las señales en la calzada te hacían ver que ya nos estabas en España. Ligeramente diferentes...


Y al final, ¡bingo!, un taxi pasó por nuestro lado. Cuando llegamos y nos dispusimos a pagar, el importe que nos cobró el taxista era prácticamente la mitad de lo que nos cobró el de Nepal. ¿Nos habría estado?, nos preguntamos. Pero esa fue otra experiencia más para darnos cuenta de lo que hemos cambiado. No nos importó en absoluto. Si así fue, dijimos, espero que sea para ayudar a otros. En lugar de pensar que el otro nos estafó, le dimos la vuelta y pensamos que el recorrido de vuelta estaba de oferta y nos salió más barato...

Y después cogeríamos otro vuelo de más de siete horas...

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