domingo, 20 de diciembre de 2020

Una clase de pole dance

Sorpresa, ese es el elemento que nunca debería faltar en la vida, que te descoloquen creyendo que vas a un lugar y al final acabas en una clase de pole dance. La tarde prometía, pues casi sin comenzar mis ojos vieron lo que jamás pudo sospechar... ¿Serán mis gafas artificiales?, pensé, ¿se tratará de un sueño?, también se me pasó por la cabeza. No, los demás también lo vieron, un amigo encaramado en lo alto de una barra, con un traje negro ceñido a su cuerpo, abierto como una jarea de par en par y con lo que vino al mundo a expensas de la imaginación de cada uno...




Nada más comenzar, di las gracias a la que tuvo la genial idea de organizar la actividad, pues además de darme la oportunidad de hacer algo nuevo por primera vez, supe que la risa estaría garantizada. Y así fue, la risa no faltó en ningún momento. Después de un calentamiento agotador y con mis pies acalambrados por haber hecho una carrera unas horas antes, no podía ni levantar el culo aunque me explicaron la técnica mil veces, pero hice lo que pude y según nuestro criterio nos salió decente y logramos estar medio sincronizados, aunque después vimos el vídeo que nos grabaron y quedó patente nuestra distorsión de la realidad, con lo cual nunca hay que dar nada por cierto... Da igual, lo que nos reímos no tuvo precio...


Algunos quieren que acabe este año maldito... Yo, sin embargo, le doy las gracias a este año pandémico y de confinamiento por haberme regalado a este grupo de gente. El virus, de alguna manera, nos unió y siempre le estaré agradecido por ello...


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