lunes, 3 de junio de 2019

Día 10: Valió la alegría

A pesar de la tentación de pasar la tarde en la piscina del hotel, bien valió la alegría adentrarnos en la selva para ver a los animales y no saben lo que me reí al esperar por un leopardo mientras estaba durmiendo sobre un árbol, pues imaginaba los pensamientos que pudiera tener si fuese una persona: “Vaya gente más boba, esperar tanto tiempo solo para sacarme una foto”. Señoras y señores, ¿saben lo que hizo nada más bajarse del árbol con sus pachorras? Mear y cagar o cagar y mear, porque de lejos no supe lo que hizo primero, así que más risa nos entró, pero también tuvimos la fortuna de que nos mirara de frente y así le vimos sus ojos. ¡Impresionante! Y también fue igual de impresionante ver un conflicto familiar en una manada de elefantes. Las peleas surgen hasta en las mejores familias... Y los cocodrilos, tan grandes... Me dejaron unos prismáticos y fui el niño más feliz del mundo...


Y lo que también valió la alegría fue levantarnos temprano y disfrutar de la salida del sol. Entonces me acordé de cuando alguien me dijo que la función del sol es iluminar y lo ofrece a todos los seres sin excepción, no dice a ti sí y a ti no, y eso lo consigue porque cada día sale sin memorias. Pues la función de los humanos es dar amor y deberíamos repartirlo sin hacer distinción, claro que a veces nos puede salir un “a este no que es un gilipollas”, pero si viviéramos sin memorias otro gallo cantaría...



Con la salida del sol
improvisé un baile al son de mi música, una especie de zumba matutina, y esas son las cosas que nunca se olvidan…

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