miércoles, 21 de enero de 2015

Cosas que guardé en una caja

Pasan los años y me sigo acordando de la primera estrofa de un verso que recité en las fiestas navideñas de mi pueblo...

Aunque ustedes me vean así,
gordito como una ceba y
coloradito como un cochino de granja,
no se crean que es de comía,
es de la leña que me da mi mujer
que se llama Sofía”

Tendría nueve o diez años, no más, y seguramente no me apetecía en absoluto recitar ningún verso, y mucho menos delante de la gente, pero probablemente mi madre me obligó porque si lo hacían todos los niños yo también lo tenía que hacer. Además, mi aspecto coincidía con lo dicho en la estrofa, que estaba gordito y coloradito, lo que aumentaba mi vergüenza. Y mientras recitaba mi verso la gente se reía, no sé si por lo bien que lo hacía o porque ya me imaginaban casado con Sofía...


Cómo cambian las cosas, ahora ya no siento vergüenza, y además me gusta hacer teatro, aunque sea de vez en cuando. Hoy, al niño acomplejado de la foto lo miro con ternura y agradecimiento, porque soy lo que soy gracias a todo lo que fui...


Y también encontré otras cosas que tenía guardadas en una caja, como el testimonio que estaba escribiendo Jezabel para el libro “Sea más feliz que el Dalai Lama”, que un día se le ocurrió dármelo en el hospital y lo leí mientras recibía uno de mis tratamientos de belleza. Lo curioso es que hace poco lo volví a releer en el libro y recordé ese momento, porque a partir de esa lectura todo comenzó a cambiar. Una sonrisa dibujó mi cara al volver a encontrarme con esos papeles. Quién me iba a decir a mí por aquel entonces que al final también aparecería mi testimonio en el libro...

No hay comentarios:

Publicar un comentario