jueves, 28 de agosto de 2014

Los fuegos de San Ginés

Y mientras las luces coloreaban la noche, mi amiga María José veía los fuegos de San Ginés por primera vez. No alcancé a ver su cara porque justo estaba detrás, pero si logré ver su perfil y su rostro reflejaba la inocencia y la sorpresa de ver algo por primera vez. Entonces caí en la cuenta de que yo debería hacer lo mismo, disfrutar del momento y no saber nada más, a pesar de que año tras año acudo a la cita desde un rincón diferente de la ciudad...


A veces te rindes y, en la rendición por no controlar algo está la clave, porque la causa de todo sufrimiento se podría reducir a querer controlar un momento o situación y no poder. Paseas por la orilla y vas saltando de charco en charco para no mojarte los pies, charcos que tienen distinta forma y tamaño, que están separados entre sí, pero que son lo mismo porque están hechos de lo mismo, del agua que proviene del mar. Cuando venga una ola ya no habrá separación porque los charcos desaparecerán para fundirse con la inmensidad del océano. Cuando venga una ola sólo tienes que rendirte y dejarte llevar. Su fuerza es tal que no lo puedes controlar, sólo tienes que confiar en que su influjo te llevará al mejor lugar...

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