jueves, 3 de diciembre de 2015

Miedo biológico y miedo psicológico

Si algo te da miedo plantéate estas dos preguntas: ¿Esto que voy a hacer me va a provocar la muerte? ¿Esto que voy a hacer me va a generar una enfermedad terminal? Si la respuesta es sí, estaríamos ante un miedo biológico. Por ejemplo, si alguien va hacia ti con un cuchillo en la mano instintivamente te apartas porque sabes que si te lo clavan te podrías morir. Si alguien te invita a beber veneno rechazarías la oferta salvo que voluntariamente quieras poner fin a tu vida. El miedo biológico hace que instintivamente te alejes de esos peligros…


En cambio, si la respuesta es no, estaríamos ante un miedo psicológico. Es como una amiga que al final ha decidido no ir de viaje porque teme que le pueda pasar algo. ¿Y si hay otro atentado? ¿Y si nos pasa algo? Pues si pasa, pasó, no hay más, no podemos controlar lo que ocurra en el mundo. Yo decido viajar porque no tengo miedo y, si remotamente lo tuviera, elijo cruzar la barrera del miedo. Ya lo he dicho muchas veces: el mayor antídoto para el miedo es caminar hacia el miedo. Si cruzas y sales de tu zona de confort, te espera el regalo. Si no decides cruzar sigue en tu zona de confort, pero si no haces frente a tus miedos, la zona cada vez se hará más estrecha y será imposible vivir en ella. Sobrevivirás, tal vez, pero no vivirás…



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