lunes, 5 de octubre de 2015

Entre delfines y ballenas

Ayer la vida me regaló otra experiencia maravillosa, ver delfines y ballenas en su hábitat natural. Salimos muy temprano desde Puerto Calero y en pocos minutos nos encontramos con un grupo de delfines que saltaban sin parar pero que se mostraban esquivos cuando nos acercábamos. Después, sorprendentemente, y a pocos metros de la costa, vimos una enorme ballena que salía a la superficie a respirar. Según nos dijo el patrón de la embarcación, que es un entendido en la materia, se trataba de una ballena rorcual. Acabo de buscar información y parece ser que es uno de los cetáceos más grandes del mundo. Menos mal que no lo sabía, si no me hubiera costado más lanzarme al agua…


Porque esa fue otra experiencia, lanzarme al agua cuando volvimos a divisar otro grupo de delfines, esta vez muy juguetones con la embarcación. Al agua, nos decía el patrón. Me cogió tan de sorpresa, que me costó tirarme, pero me dije que era una oportunidad de oro y no me la quería perder por nada del mundo. Resultó extraordinario ver los delfines bajo el agua y escuchar los sonidos que emiten para comunicarse entre ellos. Después, cuando desaparecen, ya no queda nada, sólo un azul intenso, inmenso, como si te quedaras en medio de la nada, anclado en la superficie sin posibilidad de ver el fondo. La profundidad, en esa zona, podría perfectamente rondar los seiscientos metros…



Qué curioso como la mente trata de meterte miedo para intentar que no disfrutes de la experiencia. Y si aparece algo raro, y si viene un tiburón, y si… Y mientras, yo intentaba no tener esos pensamientos negativos, no darles poder para no atraerlos…


También vimos un grupo de cifios cuvier, otra especie de cetáceos. Ya te digo, me quedé sorprendido por la cantidad de especies que puedes ver cerca de Lanzarote, a pocos metros de la orilla. En fin, ver para creer…




Fue una jornada intensa, con nuevas experiencias satisfechas, volviendo a hacer cosas por primera vez. Al regresar a la costa, sobre las cuatro de la tarde, qué ganas tenía de comer, y de contar lo vivido. Lo hice, hasta que al atardecer, mis ojos empezaron a cerrarse y un profundo sueño me embargó…

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