miércoles, 7 de octubre de 2015

En medio del océano

Llevo días recordando el momento en el que estaba en medio del océano con las gafas de buceo puestas. Después de que los delfines abandonaran el lugar y se dejaran de escuchar los sonidos con los que se comunicaban, me encontré solo, con un silencio impoluto, y me dio la sensación de que no era nada comparado con la inmensidad. Era un ínfimo puntito flotando sobre el agua…


Es como si la zona de confort fuera el barco, aquel espacio en el que te sientes seguro, pero que realmente es muy limitado, unos siete u ocho metros de largo, y cuando te lanzas al vacío, en este caso al océano, hay una inmensidad esperándote, un montón de joyas y regalos por descubrir, pero te entra tanto miedo que enseguida tienes ganas de volver al barco, donde aparentemente estás a salvo, pero quién dice que no estés igual o más seguro dentro del agua, qué pasa si trasciendo ese miedo que me impide explorar aquello desconocido que se abre ante mis ojos…

No sé, tener esa experiencia me hizo sentir que formo parte de un todo más inmenso y que ese cuerpo con manos y pies que reacciona al nombre de Ibán, no tiene tanta importancia. ¿Cómo sería este momento si me olvidara de mí mismo y de mi historia?

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