miércoles, 16 de octubre de 2013

El narcisismo

Hace unos meses me miré al espejo y me dije a mí mismo que estaba muy guapo y que todo iba a salir muy bien. Lo hice con la única intención de inyectarme confianza y porque aprendí a quererme y a valorarme como nunca antes lo había hecho, pero lo que recibí fue que algunos me llamaran narcisista...

Hoy, meses después, me he acordado de aquella situación vivida al ver una fotografía y he indagado sobre el origen de esta “polémica” palabra. Al parecer, el narcisismo viene de Narciso, un personaje mitológico, y según el Diccionario de la Real Academia Española es un “hombre que cuida demasiado de su adorno y compostura, o se precia de galán y hermoso, como enamorado de sí mismo”.
 
En la Wikipedia he leído que “si bien puede aludir a una serie de rasgos propios de la personalidad normal, el narcisismo puede también manifestarse como una forma patológica extrema en algunos desórdenes de la personalidad, en el que el paciente sobreestima sus habilidades y tiene una necesidad excesiva de admiración y afirmación. Estos desórdenes pueden presentarse en un grado tal, que se vea severamente comprometida la habilidad de la persona para vivir una vida feliz o buena al manifestarse dichos rasgos en la forma de egoísmo agudo y desconsideración hacia las necesidades y sentimientos ajenos”.


En esta imagen lo único que siento es alguien que se está queriendo a sí misma, y que al quererse se siente muy bien y protegida. Aún a riesgo de que la llamen narcisista, le diría que siguiera mirándose al espejo y queriéndose, porque le sienta muy bien, y sintiéndose bien con ella misma proyectará lo mejor de sí a los demás...

2 comentarios:

  1. Narciso enamoraba a todo aquel que tuviese la mala fortuna de verle. Pero su arrogancia y su soberbia le hacían despreciar a todas y cada una de las mujeres atraídas a él.
    Un día que Narciso dormía en un prado, soñando seguramente consigo mismo, apareció paseando una ninfa llamada Eco, que tras contemplarlo, quedó prendada de su hermosura. Al ver que Narciso se despertó, corrió para esconderse tras de un árbol. Pero al pisar una rama seca, produjo un sonido que alertó a Narciso:
    - ¿Quién anda por ahí?
    - ¿Ahí? Le contestó Eco
    - ¿Quién eres? ¿Por qué no vienes?
    - ¿Vienes? Le preguntó Eco
    - ¿Dónde estás? No puedo verte
    - Puedo verte, repitió Eco
    - Ya estoy harto, me voy
    - Me voy, dijo Eco, queriendo decir lo contrario.
    Ella lo siguió, pero él no quiso saber nada de una ninfa con una conversación tan estúpida. Eco anduvo sin rumbo hasta un acantilado donde fue marchitándose de amor y humillación hasta que sólo perduró su voz, aun muerta se le oye a veces repetir las últimas palabras que oye.
    Eco era víctima de una maldición impuesta por la diosa Hera, que la condenaba a repetir siempre las últimas palabras.
    Némesis, diosa de la venganza, para vengar a Eco y al resto de mujeres entristecidas por culpa de Narciso, lo castigó obligándolo a beber de una fuente cristalina donde se viera. Al ver aquel rostro, intentó atrapar aquella belleza con la mano, pero cuando tocaba el agua la imagen desaparecía. Al fin sufrió la amargura y el tormento del amor no correspondido. Así pues, pasaron los días y se olvidó de comer y de beber, esperando a ser correspondido por su propio reflejo. Poco a poco sus piernas se convirtieron en raíces, su cuerpo en tronco, sus brazos en ramas y su hermosa cabeza en una maravillosa flor que desde entonces lleva su nombre.
    Narciso murió víctima de su propia vanidad y arrogancia por un amor no correspondido, y así Eco fue vengada.

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