Y ayer me di cuenta de que he vuelto a hacer una cosa nueva por primera vez: pernoctar en un barco. Solo 8 habitaciones, 16 personas, nacionalidades varias que se entremezclan y con las que interactúas mientras disfrutas de los paisajes de Hanla Bay, que es lo mismo que Halon Bay pero sin tanta masificación... Desde la habitación de mi camarote parece que estoy viendo un documental a través de la ventana, un paisaje conformado por un montón de roques que ellos llaman dragones...
Tranquilidad es lo que se respira, solamente alterada por el ruido de los motores de los barcos y cuando la gente habla, pero ahí está mi amiga para callarles la boca con toda la educación del mundo: "Perdón, quiero escuchar los pájaros", jajaja...
Y hoy, que sigue nublado y con frío, me he acordado especialmente de mi amiga Ángela cuando me decía que detrás de las nubes siempre está el sol calentándonos... Qué alegría me da experimentar que la sigo teniendo tan presente y que no me he olvidado de ella... A ella también le encantaba viajar y, en cierta manera, sigue viajando conmigo...



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