Y volví a hacer el cristo, flotando en el charco, los oídos bajo el agua, ruido exterior que se apaga, solo queda el silencio, aunque a veces interrumpido por mi ruido interno, los pensamientos, que no me peleo con ellos, simplemente los observo...
En Famara, que sigue siendo mi refugio, vivo y con ganas de seguir viviendo...






