Esa sensación de que te levantas y no sabes qué hacer. Bueno, realmente
sí sé lo que quería hacer y dónde quería estar, pero como que no lo tienes todo
planeado y te dejas guiar por la intuición…
Por eso empecé el día dando un paseo por Guacimeta y maravillándome con
la belleza de los cielos y la potencia de los enormes pájaros de acero al
aterrizar. Me sigue impresionando que pasen por arriba tan cerca de mí…
Después un corazón con manos simbolizaba a la perfección la esencia del
reiki: caer al corazón y sanar con las manos. Y tras esa representación me fui
rumbo a Famara, porque quería volver a pasear por la playa que tantas veces me
ha llenado el alma. Lo que no sabía ni pretendía a priori, es que llegaría hasta
el final de la playa, algo extraño y que nunca había podido hacer en un mes
como diciembre, en el que las mareas no vacían tanto, pero me dije por qué no,
por qué no intentarlo. Había un tramo un tanto intransitable, pero atravesé el
muro de callaos y llegué hasta el final. Un grito de júbilo y agradecimiento
intentó batirse con el sonido de las olas del mar, pero el grito fue casi
imperceptible comparado con la furia del mar, que no dejaba de producir olas y
que alguna llegaba con bravío hasta mis piernas, que se afianzaban en la arena
para aguantar la embestida y evitar la caída…
Y después llegué al rinconcito de mi angelito de la guarda, otro lugar
donde el mar hacía gala de su poderío y sólo quedaba rendirse a sus pies y
disfrutar del espectáculo de la naturaleza. Por poco no vi a mi angelito, pero
si no lo vi es porque no lo tenía que ver y seguí mi camino solito, añorando la
compañía, pero agradecido por estar conmigo mismo…
Llegué a casa descalzo, ensalitrado, como si fuera uno de esos días de verano
en los que vas a la playa. Una ducha y a la cama. Si votar es decidir en
quién confiar, ayer yo también fui a votar…
'''''¡¡¡Yo tampoco fui a votar !!!..... pero no se explicarlo tan bonito como tu ....
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